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De la dificultad de emprender sin plástico en la Amazonía a las negociaciones globales sobre océanos y clima, historias locales ejemplifican la complejidad de un tema tratado de manera sutil en la COP30

Texto de Alice Martins Morais. Revisión Carla Fischer

Tekohá – Difusión.

Dona Nena – sugerencias aquí (Agencia Pará).

Inger Andersen – Márcio Nagano (13/11)

Marinez Scherer – Marx Vasconcelos (18/11)

Versión al español: Leandro Roberto Manera Miranda / Verso Tradutores

La contaminación plástica, aunque fuera de la agenda formal de negociaciones de la COP30, está presente en el día a día de la Amazonía. En los ríos, en los bosques y en la vida cotidiana de las ciudades, hay evidencias de contaminación en peces, aves, sedimentos, plantas e incluso en el agua consumida por poblaciones tradicionales. A pesar de la gravedad del escenario, desprenderse del plástico sigue siendo una tarea difícil, sobre todo para quienes intentan emprender en la región.

Danielle Amaral, ingeniera de alimentos y fundadora de la marca local de maquillaje vegano Tekohá, lo vivió en la práctica. Cuando creó la empresa, en 2023, tenía como directriz desarrollar productos y envases libres de plástico, pero se topó con dificultades: precios elevados, logística costosa y proveedores escasos. “Desde el lado del consumidor, siempre pensé que era hipocresía que una marca se dijera sostenible y utilizara plástico, pero cuando pasé al lado del emprendimiento, vi que era fácil juzgar, pero difícil implementar ese cambio”, cuenta.

Después de obtener un aporte financiero por medio de una convocatoria pública, logró producir el primer lote de productos utilizando únicamente cajas de papel kraft, un material más resistente y duradero. Sin embargo, esa elección implicó un gasto elevado: según cuenta, el envase representa el 43,75 % del costo total de cada artículo. “Si fuera plástico, costaría cerca del 5 % de eso”, relata.

Una parte mínima del portafolio sigue utilizando envases plásticos por exigencias sanitarias. Para ella, especialmente en la Amazonía, se necesitan políticas públicas que concienticen a más emprendedores y reduzcan los costos del mercado de insumos, como incentivos fiscales. “Tenemos que hacer un esfuerzo para no trasladar tanto de estos costos al precio final para el consumidor, pero entendemos que es un producto más caro que el de una gran industria, porque agrega valor. Es un trabajo que involucra a las comunidades y no deja contaminación plástica en el medio ambiente, y queremos seguir así”, añade.

Mário Carvalho es administrador de la empresa Filha do Combu, productora de chocolates y brigadeiros (dulce típico brasileño) elaborados con cacao nativo de la Amazonía, y destaca que hoy el uso de plástico en los envases es mínimo. En el caso de las barras de cacao, se envuelven con la propia hoja seca del cacao. Al igual que Danielle, afirma que la gran dificultad sigue siendo encontrar proveedores que garanticen materiales ecológicos, resistentes y adecuados para el clima húmedo de la Amazonía. “Esa búsqueda continúa. Nuestro objetivo es siempre reducir al máximo el uso de plástico sin comprometer la conservación del chocolate. Incluso pensamos en alternativas, como cintas adhesivas de papel o algún tipo de sellado que use menos plástico, pero eso aún requiere pruebas, principalmente por la necesidad de un adhesivo adecuado y de resistencia a la humedad”, explica.

El plástico ya afecta a los ecosistemas y al clima global

Ante estos desafíos, casos como los de Danielle y Mário terminan siendo minoría en el mercado. Con una cadena de reciclaje poco estructurada en todo el mundo y pocas políticas de economía circular, el resultado es que, cada minuto, el equivalente a un camión de basura lleno de plástico llega al océano.

Incluso en regiones alejadas de la zona costera de la Amazonía, un envase plástico que llega a los ríos puede ser transportado por la cuenca hidrográfica —que funciona como una inmensa vía fluvial que arrastra los residuos arrojados en las ciudades hacia los ríos y, eventualmente, hacia el mar—. Lo inverso también es cierto: los plásticos que alcanzan el océano pueden volver a los ríos.

Un estudio realizado por Fiocruz Amazonía y el Instituto Mamirauá analizó 52 investigaciones y recopiló evidencia científica que demuestra que las comunidades ribereñas e indígenas están entre las más vulnerables, expuestas diariamente a los desechos que se acumulan debido a la falta de infraestructura adecuada de recolección y a la creciente presencia de residuos no orgánicos en su vida cotidiana.

Estas historias locales reflejan una crisis global que se agrava rápidamente. Desde la extracción de combustibles fósiles utilizados para fabricar plástico, pasando por las emisiones liberadas a lo largo de todo su ciclo de vida, hasta la degradación de los océanos —responsables de regular el clima—, la producción y el descarte inadecuado de este material alimentan el calentamiento global y presionan ecosistemas esenciales.

Inger Andersen, directora ejecutiva del PNUMA, recuerda que hablar de plástico es hablar de clima. Señala que el Tratado Global contra la Contaminación por Plásticos, en negociación desde hace dos años, es una parte fundamental de la respuesta a la crisis. El plástico, producido mayoritariamente a partir de combustibles fósiles, genera emisiones en todas las etapas e intensifica riesgos como inundaciones, contaminación del suelo y enfermedades. “No hay un solo Estado miembro que haya abandonado las negociaciones”, afirma Inger, destacando que el tratado debe seguir avanzando a pesar de las muchas divergencias entre los países.

Para ella, es fundamental que la contaminación plástica sea tratada en la conferencia del clima, porque se relaciona directamente con la adaptación. “Por lo general, la contaminación por plásticos se concentra en los barrios más pobres. ¿Y qué ocurre cuando hay una lluvia fuerte? Esos barrios están a menudo en zonas propensas a inundaciones. Y este es un fenómeno global. Hay plástico en el alcantarillado, en la basura, en todas partes”, subraya.

Paquete Azul lanzado en la COP30

Según Marinez Scherer, enviada especial de la COP30 para Océanos, la contaminación plástica ha sido abordada de manera transversal dentro de la agenda temática de la conferencia, a través del Ocean Breakthroughs Dashboard, una herramienta para monitorear el progreso del cuidado oceánico que entró en línea el lunes (17). “Uno de los temas de la herramienta es la conservación. Si queremos conservar los manglares, los arrecifes de coral y otros ecosistemas, necesitamos combatir la contaminación plástica”, destaca.

En la COP30 se lanzó el Paquete Azul, un plan destinado a acelerar soluciones vinculadas con el océano y la zona costera, señalando cómo proteger y restaurar el océano para que siga siendo un aliado fundamental en la lucha contra el cambio climático. Los océanos cubren más del 70 % de la superficie del planeta y cumplen un papel esencial en el equilibrio climático global, ya que absorben cerca de una cuarta parte de las emisiones de CO y más del 90 % del calor adicional retenido en la atmósfera por la acción humana, actuando como regulador del clima, de acuerdo con WWF Brasil.

Marinez Scherer explica que este paquete propone utilizar métodos científicamente comprobados en torno a temas como la descarbonización de la flota marítima, las energías renovables en el océano, la restauración y conservación de los ecosistemas, la acuicultura y la pesca sostenible, además del turismo sostenible. “De esta manera, podemos pensar realmente en salir de la dependencia del petróleo y el gas hacia otras fuentes de energía, incluidas las nuevas y las tradicionales”, añade.

Si las acciones se ponen en práctica, podrían ayudar a reducir las emisiones globales de gases de efecto invernadero hasta un 35 % para 2050 —más de un tercio de lo necesario para mantener el calentamiento en 1,5 °C—, según Marinez. Bióloga y profesora de la Universidad Federal de Santa Catarina (UFSC), destaca, sin embargo, que este plan es un portafolio para salir de la crisis climática global, pero que, para generar efectos, necesita captar recursos. “Estimamos que, hasta 2030, serán necesarios entre 130 y 170 mil millones de dólares para ejecutar todas las acciones previstas. Son 27 acciones amplias, que reúnen 70 soluciones. Así que necesitamos atraer inversiones”, subraya.

Hasta ahora, sin embargo, solo 17 países se han comprometido a incorporar el océano en sus planes climáticos actualizados: Brasil, Francia, Australia, Fiyi, Kenia, México, Palaos, República de Seychelles, Chile, Madagascar, Reino Unido, Bélgica, Camboya, Canadá, Indonesia, Portugal y Singapur.

Este reportaje fue producido por Amazônia Vox en el marco de la Cobertura Colaborativa Socioambiental de la COP30. Lea el texto original en https://www.amazoniavox.com/noticias/view/534/o_desafio_de_pequenos_empreendedores_de_belem_de_se_afastar_do_plastico 

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