En 2025, el consumo en América Latina se sostuvo con resiliencia y adopción digital, incluso bajo presión económica. Pero esa continuidad escondió una tensión: la confianza personal se mantuvo alta, mientras la credibilidad de marcas e instituciones se volvió más frágil. Para 2026, el crecimiento favorecerá a quienes reduzcan esa brecha con relevancia local, evidencia y trade-offs explícitos, no con mensajes más ruidosos.
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Por qué 2025 fue “mejor de lo esperado” sin ser un año tranquilo
Para muchas marcas, 2025 se sintió como un respiro. Después de inflación, ruido político y disrupciones postpandemia, el consumo no colapsó. Fintech y pagos digitales avanzaron, e-commerce siguió acelerado, marcas locales ganaron terreno. En varios mercados, el gasto resistió más de lo que sugerían las proyecciones.
El error es confundir resiliencia con comodidad.
Lo que sostuvo 2025 no fue optimismo ciego. Fue comportamiento adaptativo: la gente reajustó prioridades, experimentó con cautela y elevó el estándar de “relevancia” para cualquier marca que pidiera atención y dinero.
El consumidor latinoamericano en 2025: pragmático, orgulloso y selectivamente optimista
El perfil que deja 2025 es consistente: el consumidor navega costos crecientes, cambios abruptos en trabajo y ocio, y aceleración tecnológica. Pero lo hace desde pragmatismo, no desde pánico.
- Equilibra cautela con experimentación
- Premia marcas que encajan con presiones reales del día a día
- Se adapta rápido cuando el contexto cambia
Ese mismo perfil es el que entra a 2026 con menos paciencia para promesas y más hambre de señales verificables.
Rasgo 1: la sostenibilidad dejó de ser abstracta
En 2025, sostenibilidad se volvió tangible. Eventos climáticos dejaron de ser “titulares lejanos” y pasaron a ser disrupciones locales. Eso cambió el marco: menos postura moral, más realidad vivida.
Datos que capturan el giro:
- 33% de los brasileños declaró preocupación por el cambio climático en 2025 (casi el doble que en 2022)
- 28% se considera altamente comprometido con sostenibilidad
- 36% atribuye a las marcas (más que a gobiernos) la principal responsabilidad frente al clima
Lo importante no es la preocupación. Es la expectativa: envases, reducción de plástico, trazabilidad, señales visibles.
Qué exige esto en 2026
Sostenibilidad deja de funcionar como “bonus reputacional” y se convierte en filtro de credibilidad. Prometer de más o refugiarse en lenguaje ESG vago ya no solo no suma: puede erosionar confianza.
Rasgo 2: “comprar local” se volvió emocional y económico
El orgullo local creció, sí. Pero la palanca fue el precio: aranceles, impuestos y fricciones comerciales encarecieron importados. Con precios más altos, el consumidor recalibró.
Números que marcan dirección:
- 60% Brasil, 59% Colombia, 54% México y 44% Chile planean comprar más productos nacionales
- Categorías importadas (vestimenta, electrodomésticos, autos, bienes empacados) recibieron presión directa por cambios comerciales
Se formó un ciclo: importaciones más caras → consumo local más fuerte → narrativas de producción nacional e integración regional más presentes.
Qué exige esto en 2026
Relevancia local empieza a significar empatía económica. Marcas percibidas como desconectadas de la presión de precios, abastecimiento o dinámicas regionales tendrán problemas para justificar primas.
Rasgo 3: la responsabilidad se desplazó de instituciones a marcas
Uno de los cambios más profundos de 2025 fue psicológico: consumidores pasaron a exigir resultados a empresas, no solo a gobiernos. El dato regional (36% asignando la carga principal de la acción climática a marcas) sintetiza ese desplazamiento.
Esto redefine la relación marca–consumidor: la gente evalúa acciones visibles (packaging, cadena de suministro, residuos, impacto comunitario), sin esperar alineación política ni “mejor clima institucional”.
Qué exige esto en 2026
La neutralidad corporativa se vuelve difícil de sostener. El silencio se lee como evasión. Se espera acción incluso en contextos fragmentados.
Rasgo 4: confianza en la adaptación, cautela frente a las promesas
El gran paradojo de 2025: los latinoamericanos se sienten capaces, pero no necesariamente convencidos.
Confían en su capacidad de adaptación y en herramientas digitales, pero muestran escepticismo hacia instituciones, política y retórica de marca. Por eso las estrategias basadas solo en “optimismo” fallan sin hacer ruido: no generan rechazo dramático, generan indiferencia.
El consumidor no es pesimista. Es selectivo. Premia a marcas que reconocen fricciones, límites y trade-offs, en lugar de fingir que no existen.
La equivocación que vemos más seguido
Muchas marcas interpretaron la resiliencia de 2025 como permiso para relajarse.
Leen consumo estable como prueba de que mensaje, precio y posicionamiento “funcionan”. Pero lo que funcionó fue la capacidad de adaptación del consumidor, no la brillantez de la marca.
El riesgo de 2026 es simple: asumir paciencia donde solo hay pragmatismo.
Framework: la Brecha Confianza–Credibilidad
Para leer 2026 con precisión, una lente simple:
Brecha Confianza–Credibilidad
- Confianza: el consumidor cree que puede navegar la incertidumbre
- Credibilidad: el consumidor duda que marcas e instituciones merezcan ser creídas
En 2026, ganan las marcas que reducen esa brecha no con volumen, sino con:
- relevancia clara
- anclaje local
- transparencia sobre trade-offs
- responsabilidad visible cuando algo falla
Qué esperar del consumidor latinoamericano en 2026
A partir de los patrones de 2025, cuatro movimientos se vuelven más nítidos:
- de declaraciones de sostenibilidad a pruebas concretas
- de aspiraciones globales a pragmatismo regional
- de branding emocional a credibilidad funcional
- de paciencia a lealtad condicional
No es contracción. Es selectividad.
Si 2025 fue un “año mejor de lo esperado”, 2026 será un año más exigente de lo que muchas marcas están asumiendo. La oportunidad no está en hablar más fuerte, sino en volverse más verificable: más local, más claro, más responsable en lo cotidiano.
Si quieres ver cómo estos rasgos se expresan por país y por categoría, el e-book de LatAm Intersect desarrolla el mapa completo y las implicaciones estratégicas.
FAQ
¿Por qué el consumo en América Latina se mantuvo resiliente en 2025?
Porque los consumidores se adaptaron rápido, priorizaron lo esencial, adoptaron herramientas digitales y migraron a alternativas locales, en lugar de retraerse.
¿La sostenibilidad realmente influye en decisiones de compra?
Sí. Eventos climáticos, impacto local y mayor conciencia la convirtieron en una preocupación práctica, no en un valor distante.
¿Por qué crece el “comprar local” en la región?
Aranceles, costos de importación y sensibilidad al precio, junto con orgullo nacional, hicieron los productos locales más atractivos económica y emocionalmente.
¿Cuál es el mayor riesgo para marcas en 2026?
Confundir la resiliencia del consumidor con confianza en la marca y asumir lealtad donde solo hay compromiso cauteloso.

